Una economía de la abundancia nace del “internet de las cosas”.

Superación de la escasez, pone a prueba las bases del capitalismo.

Publicado originalmente en Valor Econômico 13/05/2014. Traducido por Amelia Silva.

Ricardo Abramovay[1]

El libro de Jeremy Rifkin[2], es un intento ambicioso de formular una nueva narrativa para la utopía que cayó junto con el muro de Berlín en 1989. Su profecía más osada es que el capitalismo entrará en declive irreversible a lo largo de las próximas tres décadas. Este no será reemplazado por aquello que suele ser considerado su opuesto, o sea, la propiedad estatal de los grades medios de producción e intercambio, orientado por la planeación central. Su declive tampoco pasará por manos hostiles, , por procesos de expropiación o por eventos épicos como la toma del Palacio de Invierno. En realidad, el eclipse del capitalismo ya está diseñado y provendrá del avance simultáneo de la internet de las cosas y de la economía colaborativa.

No se trata de fe ingenua en el poder de la técnica. La ampliación de las oportunidades de ofrecer bienes y servicios a partir de la cooperación directa entre las personas (y cada vez menos, del mercado) depende del fortalecimiento de la sociedad civil y se topa con la gigantesca fuerza de los intereses que buscan siempre limitar el alcance de los bienes comunes (los “commons”, en inglés). Pero, al contrario de cualquier otra época, la producción y el uso de bienes comunes, ahora cuenta con dispositivos cada vez más poderosos. La base para una sociedad moderna, innovadora, colaborativa y descentralizada está en esa unidad entre la cooperación social y los medios digitales; funcionamiento que no se apoya ni en los mercados ni en la búsqueda individual de ganancia.

Jerermy Rifkin es profesor de una de las escuelas más prestigiosas de gestión en Estados Unidos, Wharton. Además, es consultor de varios gobiernos europeos y empresas globales. Como tantos otros intelectuales norteamericanos, adoptó una postura crítica en relación al papel de las finanzas durante la crisis de 2008, apoyando el “Occupy wall Street”. Lo más intrigante en este último trabajo suyo es el título: costo marginal cero es una especie de cuadratura del círculo para la sabiduría económica convencional. De hecho, las primeras páginas de los manuales enseñan que la naturaleza económica de los bienes y servicios deriva de su escasez. Los productos son asignados por medio de precios, porque son escasos. La abundancia generalizada (como Marx, Stuart Mill y Keynes bien observaron aunque bajo diferente enfoque) conduciría a una organización social con mecanismos totalmente diferentes de los que han marcado la civilización actual.

La era digital está abriendo camino a una economía de la abundancia. Claro que eso no quiere decir que no cueste nada producir materias primas minerales y agrícolas, que los servicios ecosistémicos sean ilimitados o que se haya abolido la ley de la entropía. Pero cada vez es mayor el abanico de bienes y servicios de la economía de la abundancia. Lo que hoy se encuentra gratis en YouTube y en Wikipedia, dos décadas atrás sólo podía ser ofrecido por una típica economía de la escasez: el consumidor era obligado a comprar un disco, pagar por leer el periódico o adquirir una enciclopedia para obtener utilidades que hoy están disponibles gratuitamente. La misma educación es y estará cada vez más apoyada en los medios de comunicación digitales, como lo han demostrado los seis millones de estudiantes de todo el mundo inscritos en cursos abiertos, online, de las mejores universidades americanas.

La gran novedad del siglo XXI es el hecho de que esa revolución virtual ya alcanza la energía y el mundo material. Pasó de los bits a los átomos. Y aquí radica el potencial transformador extraordinario de la internet de las cosas. Éste es un trípode formado por la unidad entre internet de las comunicaciones, internet de la energía y la de la logística. En el campo de la energía, la gran novedad no está sólo en el carácter exponencial del crecimiento de las renovables- sobre todo de la solar, cuya capacidad instalada ha duplicado anualmente en los últimos 20 años. Tampoco el avance de las eólicas, cuyas turbinas hoy son mil veces más productivas que en 1990. Lo fundamental es que esos avances están acompañados por una descentralización radical: en Alemania, 70% de la energía renovable se origina en dispositivos instalados en residencias, talleres o haciendas. En materia de energía los alemanes no son solo cada vez más consumidores, sino productores de renovables, o como dice Rifkin, “prosumidores”. Tanto más que los propios bienes de consumo (desde electrodomésticos hasta automóviles), serán también dotados del poder de comunicarse de forma inteligente, consumiendo energías en los momentos de menor demanda y muchas veces, transmitiendo energía para la red.

El trípode de la economía de la abundancia se completa con dispositivos como la impresora 3D y las máquinas de corte a láser que permiten realizar a escala local, individual, personalizada y con inmensa eficiencia, aquello que hasta aquí, solo era concebible como resultado de la gran industria, la cual será sustituida por lo que Rifkin bautizó como “microinfofactura”. Es un conjunto de técnicas y oportunidades que abren camino no sólo a una economía extraordinaria de recursos, sino a cambios fundamentales en las bases sociales de la oferta de nbienes y servicios.

Rifkin llega a decir que la producción de masas dará lugar a la producción por las masas, en una especia de recuperación de los ideales gandhianos de autoproducción e independencia, pero bajo condiciones técnicas que permiten competir con lo que hasta aquí, sólo era posible en virtud de la gran industria y de la gigantesca concentración de poder que le es correlativa. Los prosumidores serán protagonistas decisivos no solo en la oferta de información y de energía, sino también de bienes materiales. Es lo que forma la infraestructura de una sociedad orientada por la producción y por el uso de bienes comunes.

Rifkin no deja de mencionar, claramente, el inmenso poder, hoy en manos de los gigantes que dominan la propia revolución digital. Pero la cultura del acceso abierto a innovaciones y la velocidad del avance de la tríade en que se apoya la internet de las cosas, abre vías tan nuevas y promisorias para la cooperación social directa y para la valoración de los bienes comunes, que tornan persuasiva la idea de que el capitalismo pueda estar camino a su eclipse.

[1] Profesor Titular del Departamento de Economía de la FEA/USP Autor de Más Allá de la Economía Verde (Buenos Aires, Temas) y co-autor de Basura Zero: Gestión de Residuos Sólidos para una Sociedad Más Próspera (http://www3.ethos.org.br/cedoc/basura-cero-gestion-de-residuos-solidos-para-una-sociedad-mas-prospera/#.VFzsY_TF9m0).

[2] Rifkin, J. (2014) The Zero Marginal Cost Society. The Internet of Things, the Collaborative Commons and the Eclipse of Capitalism. New York. Palgrave.

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